Quienes Somos

La Sociedad de Estudios Históricos, Arqueológicos y Geográficos de Chile, ex – Sociedad de Historia y Geografía de Chile, nace desde muy antiguo y es producto de una gran evolución que se ha ido dando a través de los siglos, su historia es interesante e incluso había sido desconocida hasta el año 2016, en que la actual directiva tuvo contacto con un ex miembro de una organización anterior, de la cual evolucionó la actual Sociedad, quien se encontraba en el extranjero desde 1974 y que visitando Chile, entregó una serie de antecedentes formales que dan fe de la real historia de la organización.

 

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       Legajo de documentos recibidos

 

Historia y evolución de la Sociedad.

 

Rastrear el origen de la Sociedad de Estudios Históricos, Arqueológicos y Geográficos de Chile implica adentrarse en los albores de la historia patria, ya que la institución ha vivido junto a la nación sus vaivenes y acontecimientos más importantes, en un principio activamente y luego desde un segundo o tercer plano conforme se iban desarrollando algunos hechos.

 

Todo esto comienza en 1746, un 12 de febrero, cuando un grupo de españoles residentes en la ciudad y puerto de Valparaíso deciden crear una organización denominada “Real e Ilustre Junta de Vecinos Prominentes para los Asuntos Historicos de la Deputacion de San Jose de Malgamalga del Corregimiento de San Martin de la Concha del Reyno de Chile”, cuyo objetivo principal fue encomendarse asimismos la labor de investigar de forma fehaciente y veraz la historia de cómo se desarrolló el prestigio de los lavaderos de oro del Marga Marga, desde sus orígenes prehispánicos hasta su actualidad, entregando una serie de reportes a la Corona, respecto a la mejor forma de mantener la zona y explotarla comercialmente Obviamente esto tan sencillo derivó en sendos análisis históricos que sus escasos miembros fueron poco a poco desarrollando.

 

Los primeros integrantes de esta Junta, fueron cinco vecinos de Valparaíso y Quillota, quienes se desenvolvían en su vida tradicional como hacendados o comerciantes en dichas zonas y en sus momentos de esparcimiento disfrutaban de la investigación que podían realizar acerca de la historia de la zona en que habitaban. Entre sus integrantes se cuentan don Joseph Balencia, Balentín Bermudez, Francisco Astorga, Diego de Olmedo y Juan Francisco Zárate. El primero actuaba como presidente de la organización y el último como ministro de fe de la institución.

 

La Junta fue aceptada y sus estatutos ratificados por Real Cédula dada en Valladolid el 23 de agosto de 1758, tras lo cual comienza a actuar de forma constante e ininterrumpida.

 

El trabajo de la organización se desarrolló sin pausas hasta comienzos del siglo XIX, época en la cual su actividad se vio alterada dados los sucesos de revueltas independentistas en el país, toda vez que la Junta, tanto para su ingreso como para la permanencia de los socios, aceptaba solamente a vecinos de origen español y que le jurarán lealtad al soberano español, prometiendo servirle en todo momento conforme a sus aptitudes. Es por esta razón que sus miembros, son perseguidos e incluso algunos arrestados por órdenes de los líderes de los movimientos independentistas o mandos medios de dichas hazañas. Hacia 1810 – 1812, la matrícula de miembros de la organización sumaba una decena de socios, todos conjurados para servir a la Corona.

 

La Junta no recuperará su libertad de acción, sino que en un breve lapso, durante la restauración, donde inmediatamente sus socios se alistaron con el nuevo Gobernador, entregando informes detallados de los movimientos de tropas e historias de lo ocurrido tras 1810.

 

Una vez consolidada la Independencia de Chile, la Junta es disuelta por orden de la autoridad y sus socios diseminados y censurados. Si bien ya a ese tiempo, no eran españoles de raza, mantenían la fidelidad a la Corona.

 

La censura impuesta, sin embargo, no destruyó materialmente a la Junta, esta permaneció en funciones y se adaptó a los nuevos tiempos, cambiando su nombre a Club de Amantes de la Historia Real de Chile, manteniendo su enfoque hispanista y actuando en un segundo plano, amparado en las iglesias y casas de quienes vivían en la República, pero no gustaban del nuevo régimen. Es en este período en que amplían sus horizontes y mantienen en la Iglesia de la Santa Cruz de Limache una gran colección de objetos antiguos y de origen indígena que se les donó con los fines de investigarlos y difundirlos en España.

 

Tras la Guerra contra España en 1865, el Club fue disuelto y sus miembros condenados a una serie de vejámenes, los cuales terminaron desbaratando la organización, la cual se desintegra por un breve lapso, ya que hacia 1870 vuelve a organizarse en la naciente aldea de Quehupue bajo el nombre de “Agrupación de Investigadores de Marga Marga”, volviendo a sus raíces más antiguas.

 

A finales del Siglo XIX, un nuevo ingreso de socios hizo ingreso a la Asociación, en su mayoría veteranos de la Guerra del Pacífico y la Guerra Civil de 1891; todos amantes de la historia y grandes héroes sin nombre para la historia oficial, que tenían plena conciencia de haber vivido un momento histórico digno de preservar.

Entre estos socios destaca el Veterano de la Guerra del Pacífico don Manuel Valencia Arredondo, bisabuelo de uno de los actuales miembros de la directiva, quien se mantuvo en esta organización hasta su muerte en los años 50. Su memoria, es el motor de las investigaciones relacionadas a los conflictos bélicos al interior de la corporación, apoyados principalmente por la gran cantidad de archivos periodísticos y notas personales que tan cuidadosamente preservó y catalogó en su afán por preservar la memoria local de los tiempos de crisis.
Desde aquella época y hasta entrado el siglo XX  la Agrupación permanecerá realizando sesiones prácticamente secretas y actuando en segundo o tercer plano, pasando casi disimulada ante grandes instituciones que se iban gestando en los núcleos universitarios o intelectuales nacionales. Al posicionarse a la cabeza de la historia la Sociedad Chilena de Historia y Geografía, la Agrupación se encasilla como una institución distinta y de otro orden desapareciendo de la realidad nacional.

 

A mediados del siglo XX, la llegada de nuevos socios implica nuevos enfoques que tienden a desarrollar contenidos más políticos y sociales, junto con estudiar de forma más detenida lo que dice relación con las tácticas militares y lo que quedó tras las grandes guerras que padeció el mundo.

 

En el año 1931, los investigadores liderados por Jaime Bordalí Vergara, editan un pequeño texto sobre el Tratado de Ancón y las interminables negociaciones entre los gobiernos de Chile y Perú en busca de la paz. El texto fue editado por la Imprenta y Encuadernación Salesiana bajo la firma de la Agrupación, en formato rústico, según nos cuenta don Francisco Cerda Vargas, ex secretario de la Corporación (1970 – 1973) y que nos ha hecho entrega de los documentos, entre ellos el borrador manuscrito de este interesante texto.

 

Luego de esta obra siguen otras varias, incluso colaboraciones de algunos de los integrantes con el destacado historiador regionalista, don Belarmino Torres, de quien se tuvo una fructífera amistad y compartió varias tertulias con los socios y socias, incluyendo extensas caminatas para explorar la geografía de la zona interior.

 

Hacia 1956, la Agrupación recibe una importante donación consistente en objetos arqueológicos, que se suman a otros que ya estaban en su poder desde el siglo pasado, engrosando con esto una gran colección que dará pie para iniciar investigaciones arqueológicas por el lecho del estero Marga Marga.

 

La década de 1960 será de gran auge para la colectividad integrándose activos miembros que darán forma a la revista “Prismas”, cuyo enfoque no sólo se centra en el rescate de la historia local, sino que incluye análisis políticos, económicos y de contingencia nacional e internacional. Sus primeros números se editan de forma casi artesanal y en ella se dan cita grandes pensadores de la época como Oscar Guzmán, Manuel de Rivacoba, Luis Solar, entre otros. Es tanto el éxito que logra la revista que junto a esta mantienen un breve espacio comunicativo radial en las emisoras de la Universidad de Chile, donde dialogan acerca de historia y los demás temas que trata la revista.

 

Los años 70 trajeron importantes cambios no sólo para Chile, sino que también para la Agrupación, que siguió de cerca el proceso de Reforma Agraria en los campos de la Provincia de Valparaíso, así como el acontecer político cada vez más crudo. En aquel entonces hacia 1971, logran mantener un “Seminario Permanente”, en la sede de un partido en la localidad de Villa Alemana, allí se reunían y debatían temas históricos, junto con realizar sus sesiones de directiva.

 

El Golpe de Estado de 1973, significó para la organización nuevamente un quiebre, singularizada como una facción política, sus miembros fueron perseguidos y sus documentos destruidos, salvo los que el secretario Cerda logró rescatar y llevárselos con él al exilio.

 

17 años duró el alejamiento de la Corporación de Chile, sin embargo en ese período igualmente volvió a reeditarse en Finlandia, la revista “Prisma” a cargo de ex presidente Servando Mora Carvajal, mientras el ex secretario con otros miembros radicados en la ex Unión Soviética, siguieron creando y transmitiendo programas en Radio Moscú, junto con realizar dos especiales para el programa “Escucha Chile”.

 

Tras la caída del régimen y el retorno a la democracia, algunos miembros regresan a Chile y comienzan a re fundar lo que siempre y constantemente se iba destruyendo, es así que en 1991 fundan de hecho en Chile, nuevamente en la comuna de Quilpué, la Agrupación de Investigadores de la Historia del Valle del Marga Marga, retomando las investigaciones primigenias, recuperando el patrimonio que se había donado a la organización en tiempos pretéritos e invitando a personas a incorporarse a la colectividad.

 

Es bajo esta última iniciativa y luego de un largo y desgastante recorrido que en el año 2009, un nuevo grupo de socios, decide retomar el liderazgo de la organización dotándola de personalidad jurídica como organización comunitaria en la localidad de Quilpué, bajo el nombre ya señalado.

 

Esta organización, se posiciona generando revistas y trabajos que cambian la historia tradicional, creciendo en el número de socios y posicionándose como una de las más activas a nivel local, lo cual invita a la directiva a crear una institución de carácter nacional que denominan: “La Sociedad de Historia y Geografía de la Provincia de Marga Marga”, la cual tendrá personalidad jurídica otorgada en 2013 por la I. Municipalidad de Villa Alemana.

 

Con este nuevo nombre se irá manteniendo el liderazgo a nivel local y se ampliará poco a poco a nivel regional y nacional, marcando pauta con ediciones de libros y de la revista “Boletín Histórico de la Sociedad de Historia y Geografía de la Provincia de Marga Marga”, el cual se convertirá en la única revista que trata temas de historia que tiene un tiraje continuo en la región y se encuentra indexada y reconocida a nivel latinoamericano como una revista científica y profesional en su área. A esto se suma la realización de charlas, trabajos en terreno, capacitaciones y evento de envergadura tradicional como las Jornadas de Historia y Geografía que año a año se realizan en el mes de octubre.

 

Un hito importante de esta etapa lo constituye el descubrimiento de un molar y puntas de proyectil de origen milenario en el estero de Quilpué. Estas piezas corresponden a un gonfoterio y restos que dan señas de la presencia humana, hace más de 10.000 años a nuestra fecha en el sector, creando un punto de análisis tan importante como Monteverde en el sur del país.

 

Tales hechos de relevancia nacional hicieron pensar a los socios y socias que era necesario subir un paso más y se optó por cambiar el nombre a “Sociedad de Historia y Geografía de Chile”, hecho que se aprueba tras sesión de 13 de febrero de 2016. Este nombre se mantuvo hasta marzo de 2017, cuando siendo presionados vía teléfonica y mail por la Sociedad Chilena de Historia y Geografía quien se sentía amenazada por nuestro nombre, actividades y éxitos a nivel nacional e internacional, decidió comunicarnos que nos demandaría por “usurpación” de nombre con un staff de abogados en nuestra contra. Nuestra Directiva conociendo la desventaja, especialmente económica ante la Sociedad Chilena, la cual posee el aval del Estado y su financiamiento, caso que no existe en las demás instituciones sin fines de lucro del país, decidió ceder a la amenaza y cambiar su nombre al de “Sociedad de Estudios Históricos, Arqueológicos y Geográficos de Chile”, no sin antes declarar que la organización no cometió ningún delito, sino que realizó una modificación de estatutos publicitada ante los miembros de la citada Sociedad Chilena, en la ceremonia de aniversario el 12 de febrero de 2016 en Quillota, a la vez que el acta se publicó en el Boletín Histórico, distribuído desde Washinton DC hasta Argentina y en todo el país, por lo que nunca se escondió el cambio de nombre y no supimos de personas que se confundieran de institución, pues los historiadores e intelectuales conociendo la calidad de nuestras actividades y nuestra misión, reconocían en nosotros una institución distinta y particular, cercana a la comunidad y no de élite o de grupo como otras existentes en el país.

 

En la actualidad la Sociedad de Estudios Históricos, Arqueológicos y Geográficos de Chile mantiene una tradición que por siglos ha venido construyendo, pasando del anonimato en que estuvo relegada a jugar un papel preponderante y entregando una nueva visión renovada y profesional del quehacer historicista nacional.

 

La organización de esta colectividad se radica en dos departamentos: Investigaciones y Travesías. El primero dedicado a trabajar aspectos de indagación del pasado de manera formal y tradicional y el segundo apoyando al primero o realizando esfuerzos por su cuenta para investigar, pero en terreno, el desarrollo de las colectividades y el pasado de las diversas localidades chilenas.

 

EO 20 nov 2015

Hoy la Sociedad luce sus premios (como el recibido el año 2015, por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes) y la aceptación de la comunidad, al reconocer en esta un aporte para el desarrollo de la historia nacional, asistiendo masivamente a los eventos, generando redes y alianzas y llamándola cada vez que se necesita poner en valor el patrimonio histórico-cultural de una localidad.